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Villaverde de Arriba
(Infantado del Torío, León, España)

RUIFORCO
 
La historia de Ruiforco se remontan a la época romana. Se sabe que en Ruiforco estaba instalado un destacamento de la caballería de la Legión, en los prados de la ribera central y en las vegas, que más tarde fueron colonizadas por los monjes de San Julián de Ruiforco. Así lo demuestra el hallazgo de una lápida romana, en las cercanías del viejo monasterio de San Julián, el año 1564.
Consta en la inscripción de la misma, del año 216 de nuestra Era, que los caballeros de la Legión se la dedican al emperador Caracalla, en agradecimiento por haber reconocido el derecho de ciudadanía a todos los habitantes del Imperio, en decreto imperial del año 212. Puede verse esta interesante lápida en el Museo de San Marcos.
¿Por qué se hizo ese homenaje al emperador, precisamente en aquella zona central de la ribera, alejada unos 17 kilómetros del campamento legionense? Pensamos, con seguridad, que los legionados tenían allí un destacamento para sus caballos, como punto céntrico de vigilancia y como lugar muy adecuado para el abastecimiento pastizal de sus caballos dada la riqueza y extensión de aquellos praderios.

MONASTERIO DE SAN JULIAN Y SANTA BASILISA EN TERMINO DE RUIFORCO

La fundación de este monasterio anda allá por los años finales del siglo IX, cuando Alfonso III encomendó al caballero Runfurcus la repoblación de gran parte de la ribera del Torío. No consta exactamente el año de este mandato de repoblación. Hay que deducirlo de las circunstancias siguientes:
Alfonso III reinó entre los años 866 y 910. El año 891 enriqueció al monasterio de San Adrián, en Tuñón, con muchas posesiones, entre las cuales se cita «In territorio legionense, MONASTERIUM SANCTI JULIANI, cum villas et familias et senras subtus ipso Monasterio, et molinum ibidem in Turiox..
Téngase en cuenta que en ese año 891 ya estaba en su plena organización y con cierta pujanza el monasterio de San Julián como para proporcionar al nuevo monasterio de San Adrián, en Tuñón, una renta tributaria apetecible.
En consecuencia, el monasterio de San Julián debió ser fundado entre los años 866, en que empezó a gobernar Alfonso III, y el 891, fecha en que es vinculado en renta tributaria al de San Adrián de Tuñón.
El caballero Runfurcus, en los últimos años de su vida, poco antes de 931, entregó su monasterio a unos monjes para que prosiguieran la colonización que le había encomendado Alfonso III.
Bien pronto surgió un pleito entre estos monjes y los vecinos de Manzaneda por haber penetrado éstos, con sus roturaciones, en terrenos del monasterio.
Alfonso IV acudió al lugar del litigio acompañado de su Corte leonesa y del obispo Oveco, en activo, y del obispo Cixila, dimisionario. En el juicio fueron condenados los de Manzaneda y se determinaron los linderos de las propiedades del monasterio. Quedaban, pues, los monjes dueños de la mayor parte de la ribera central, según puede verse en la delimitación que se hace en el doc. Nº 1.333 del ACL.
En el año 931, poco después del pleito sostenido con los vecinos de Manzaneda, tiene lugar el dramático episodio que dio lugar a la prisión y deorbitación de Alfonso IV por su hermano Ramiro II. Alfonso IV, llevado de fervores sentimentales, ingresó como monje en el monasterio de Sahagún, después de haber renunciado a la corona en favor de su hermano Ramiro II. Pero muy pronto desistió de sus propósitos monacales, volviendo a León con la pretensión de destronar a su hermano. Ramiro II acudió con sus tropas, sitió a su hermano en León y le hizo prisionero, condenándole a la deorbitación. Pasado algún tiempo, según dice el Tudense, se compadeció Ramiro II de la triste situación de su hermano y mandó acomodar, lo mejor posible, el monasterio de San Julián para que sirviese de mansión llevadera a su hermano ciego y a sus tres primos, los hijos de Fruela, que sufrían la misma pena. Según dice el Tudense, dos años y siete meses vivieron en aquella situación, en ese monasterio, los regios prisioneros. A la hora de su muerte fueron enterrados allí mismo, según dicen varios autores. También Flórez y Morales opinan que fueron trasladados a ese mismo cementerio los restos mortales de la reina Onega, mujer de Alfonso IV.
Algunos años después reinó Sancho 1 el Gordo (?56-967). Este rey mandó construir el monasterio de San Pelayo, en León, al lado del antiguo de San Juan Bautista, para dar culto a los restos mortales del niño Pelayo, martirizado por Abderramán III el año 925, en Córdoba. Llevaban la voz cantante en la organización de este nuevo monasterio doña Teresa, esposa del rey, y la infanta doña Elvira, hermana del mismo. Debió ser inaugurado hacia el año 967 cuando llegaban allí los restos del niño mártir poco después de la muerte del rey Sancho 1. El Tudense dice que este monasterio de San Pelayo fue construido «para monjes». Por eso dice Pérez Llamazares que se encargaron del servicio religioso varios monjes del monasterio de San Julián de Ruiforco, que se encontraba en situación de «cesante» desde la muerte de Alfonso IV. Bien pocos años duró la paz y el fervor religioso en este monasterio de San Pelayo, porque llegaron las hordas de Almanzor y obligaron a muchos leoneses a huir hacia Oviedo, llevándose consigo las reliquias del niño.
Durante un siglo queda en silencio la historia del monasterio de San Julián, quizá por los recuerdos sombríos, asociados a la estancia y prisión de Alfonso IV y de sus primos. Vuelve a hacerse mención del mismo en el año 1063, cuando Fernando I solemniza la llegada de las reliquias de San Isidoro, desde Sevilla a León, con el regalo de muchas joyas para el culto y la donación de varias fincas para el viejo monasterio de San Pelayo, que desde entonces se llamó de San Isidoro. Entre estas donaciones figuran, en lugar destacado, EL MONASTERIO DE SAN JULIAN DE RUIFORCO CON TODAS SUS POSESIONES DE TORIO
De esta manera quedó vinculado San Julián a San Isidoro, cabeza del Infantado de Torío. Los reyes y las infantas tenían especial intervención en las posesiones que habían pertenecido a San Julián.
La infanta doña Sancha Raimúndez, hermana del emperador, disfrutó de esas posesiones de San Julián, hasta la hora de su muerte, en que dispuso que pasasen a depender de San Isidoro. Ella muere en frebrero del año 1159, y su tío Fernando II hizo efectivo ese testamento en ese mismo año 1159. San Isidoro era ya cabeza de todo el Infantado de Torío y, por tanto, propietario efectivo de sus bienes La última mención que se hace del monasterio de San Julián está en el doc. n.2 113 de ASIL, en 1526. Se trata de un intercambio de dos canónigos pertenecientes a San Isidoro. Uno está en San Salvador de Valduerna. El otro cumplía misión en Ruiforco como prior. El nuncio de Su Santidad aprobó esta permuta.